Araia, cuando la Garnacha habla a través de los suelos de arcilla.
Los suelos de arcilla ofrecen a la garnacha un entorno ideal para su desarrollo, gracias a su capacidad para retener agua y nutrientes.
Seguro que ya conoces la Garnacha, una variedad que se nos da muy bien en Aragón. Esta cepa ha encontrado en los suelos de arcilla de Murero un ambiente propicio para expresar su carácter distintivo y generar vinos de gran calidad. La relación entre la Garnacha y los suelos de arcilla es una simbiosis que resalta las características únicas de esta variedad vinífera.
Los suelos de arcilla ofrecen a la garnacha un entorno ideal para su desarrollo, gracias a su capacidad para retener agua y nutrientes. Esta retención de humedad permite que la vid se nutra de manera equilibrada durante todo el ciclo vegetativo, contribuyendo a la obtención de uvas maduras y concentradas. Además, la arcilla actúa como reguladora térmica, manteniendo una temperatura adecuada para el desarrollo óptimo de la uva. Estos condicionantes le permiten soportar mejor los veranos en los que el agua escasea, llegando a dar un rendimiento ligeramente superior a la media de la zona, de hasta 1.500 kg/ha. Todavía bajo, si se compara con otras zonas vinícolas, pero superior a muchas otras parcelas de Murero.
El resultado en la copa es un vino que destaca por su riqueza aromática y estructura equilibrada. Los vinos provenientes de estos viñedos suelen exhibir notas frutales intensas, como cerezas, frambuesas y moras, complementadas por matices especiados y terrosos que reflejan la influencia de la arcilla.
La textura sedosa y los taninos suaves son otras características distintivas de los vinos de Garnacha cultivados en suelos de arcilla. Estas cualidades, sumadas a la acidez refrescante, dan como resultado vinos elegantes y bien equilibrados, ideales para maridar con una variedad de platos gastronómicos. Así, Araia es jugoso, amplio y con cierta estructura en boca, fiel reflejo del suelo de arcilla del que proviene, y que le han hecho merecedor de 93 puntos en la Guía Peñín 2024 en el año de su lanzamiento.
Es curioso cómo los celtíberos, primeros pobladores de Murero, ya dejaron constancia de esta riqueza mineral en la primera inscripción que acuñaron en esta zona. Una palabra que utilizamos para darle el nombre a nuestro vino, ya que Araia corresponde a la denominación que dieron a la tierra de labranza, la “arcilla roja”.










